Antonio Vega, el estafador bancario

El empresario salvadoreño nunca pagó un préstamo bancario y 40 años después, exige ser indemnizado.

Quimagro es un caso resucitado por la corrupción incrustada en el sistema judicial salvadoreño, aun cuando éste fue vencido en los mismos tribunales y sustentado con pruebas.

Sin embargo, Antonio Vega ha recurrido al apadrinamiento político para sacar provecho la destitución de los Magistrados de la Corte Suprema el pasado 1 de mayo, Los argumentos de Vega, dueño de Quimagro, carecen de fundamentos legales, pero se ampara al nuevo esquema de la corrupción nacional para que los tribunales fallen a su favor.

De esta manera, el empresario salvadoreño ha manipulado el caso y para no ser descubierto en sus mentiras, ha recurrido a distractores como las campañas de desprestigio contra la institución bancaria y sus abogados, esto con la ayuda el cuestionada figura de Walter Araujo, señalado en la lista Engel por corrupción.

Estos “favores” de parte de Araujo, incluso la compra de espacios en medios digitales, entre ellos el periódico El Independiente, no son gratis, Vega ha invertido grandes sumas de dinero para difamara sus opositores.

Lo anterior, resulta contradictorio, puesto que Antonio Vega, ha reiterado que su empresa está en bancarrota, entonces quién financia o hay algún acuerdo para repartirse los $49 millones que exige?

Según personas allegada a éste, manifiestan “que prestar y no pagar” es su modus operandi, por lo que no es extraño que en este histórico caso sea con ese objetivo. Además, no solo tiene el respaldo de los nuevos magistrados, tras las resoluciones también se encuentra José Luis Merino, acusado de lavado de dinero y financista de presidente salvadoreño, Nayib Bukele.

Con estas influencias, no cabe duda que los tentáculos de la corrupción, le dieron la razón a Quimagro, dejando de lado los veredictos de los tribunales de primera y segunda instancia, junto a dos Salas diferentes de lo Constitucional, que lo condenaran.