La astucia de Antonio Vega

Victimizarse públicamente y manipular la información han sido las estrategias del empresario y dueño de Quimagro.

Estafado, en bancarrota y como emprendedor, así se presenta el empresario Antonio Vega, quien aprovecha la corrupción del sistema judicial para cobrar 49 millones de dólares a un banco, el cual le prestó 350 mil colones y que nunca pagó.

Con esta dramática historia, el dueño de esta empresa asegura que la financiera hizo quebrar su negocio de fertilizantes, aunque quienes trabajaban de cerca afirman todo lo contrario y lo responsabilizan de ser mal administrador.

Otra mentira que maneja Vega, es que es emprendedor, pero no cuenta que está es una distribuidora y comercializadora que se ha mantenido en el mercado por años, incluso al ser intervenida por el banco de manera temporal, él retomó las riendas de Quimagro y siempre evadió cancelar el préstamo obtenido hace 40 años.

Según argumenta, la familia ha vivido un calvario por el prevaricato de exmagistrados de la Sala de lo Constitucional, acusando a los magistrados Florentín Meléndez, Rodolfo González, Sidney Blanco, Belarmino Jaime y Sonio Segovia, quienes en complicidad con el exfiscal Douglas Meléndez actuaron en bajo interese partidarios.

Con la nueva Sala, la puerta se abrió para Quimagro e ignoraron las resoluciones anteriores, donde en el 2013, nuevamente fue derrotado, lo que llevo a la empresa en el 2016 a un amparo en el que solicitaba la nulidad de la resolución, la cual fue desestimada en el 2018.

La astucia de Antonio Vega se concretiza con el fallo de la Sala que obliga al banco a pagar $49 mil a la empresa, desvalorizando el trabajo de los exmagistrados y que fueron acusado de ser corruptos por responder a intereses personales, pero hoy los magistrados responden a la ambición de Vega, que también es corrupción.

Bajo el amparo de justicia, la corrupción favorece no solo a Quimagro , sino también a Walter Araujo que no pudo comprobar 1.4 millones en su patrimonio, a Fito Salume y a muchos otros más que se escudan en la nueva Sala y en la complicidad corruptiva de la justicia salvadoreña. En otras palabras, la corrupción es la misma, solo cambió de escenario.